En el interior de todas esas edificaciones se distribuyen treinta y dos habitaciones, además de salones, un restaurante y un bar-cafetería, entre otros, que se caracterizan por la combinación de las nuevas tecnologías con una exquisita decoración que hace de cada estancia un lugar único. En efecto, la mejor colección de tapices en Canarias, con piezas de los siglos XVI, XVII y XVIII procedentes de los talleres flamencos y franceses; una valiosa pinacoteca con obras de los siglos XV al XX, que abarcan una gran variedad de géneros y técnicas pictóricas con un denominador común que es su gran calidad; esculturas, muebles y porcelanas chinas desde la dinastía Tang hasta la dinastía Qing; muebles europeos de los siglos XVII, XVIII y XIX; delicadas tallas religiosas de los siglos XVI al XIX y toda suerte de otros objetos suntuarios hacen de este hotel una referencia en el panorama artístico de las islas, donde cada rincón se convierte en una sorpresa gratificante para cualquier amante del arte y evoca una época pasada en la que los moradores de esta hacienda se rodearon de los objetos artísticos más exquisitos procedentes, gracias a los intercambios comerciales, de Europa, América y, a través de Filipinas, Asia.